Bajo nuestra opinión no se debe acelerar el proceso de aprendizaje. Entendemos mucho más razonable y positivo el hecho de que cada niño desarrolle los conceptos completos y correctos de cada etapa y no el de adelantar las etapas del aprendizaje.
Compartimos el concepto de que debemos fomentar y potenciar todos los motores internos (inquietudes, curiosidades, intereses) ayudando a los niños a saciar sus dudas en todo momento. Si tenemos un niño que le gusta pintar, ofrezcámosle cuadernos de trazos, de colorear. Si otro nos muestra interés por la música, brindémosle instrumentos, canciones. Si nos lo encontrásemos creativo, ofrezcámosle plastilina. En resumidas cuentas, se trata simplemente de respetar el ritmo que nos impone nuestra propia naturaleza.
No priorizamos el cuándo, sino el cómo. Al hecho concreto de facilitar todas las herramientas y medios a nuestro alcance para despertar y reforzar las capacidades y destrezas, rotundamente sí. A que el fin de estas sea alcanzar los objetivos y las metas de una forma anticipada y brusca, desde luego que no.
Claro inconveniente de todo esto es el hecho de obcecarnos y forzar a que un niño, sin desenvolverse correctamente en el uso del habla, deba leer como otro que sí lo hace. El proceso lector ayudará e incrementará su vocabulario, pero claro es, que antes de leer bien, deberá haber conseguido hablar correctamente.


